Martín Machain

Profesional en Sistemas de Información y Transporte

Sobre mi

Martín Machaín

Martín Machain (Buenos Aires, 1984) es licenciado en Sistemas de Información por la Universidad del Salvador con posgrado en Política y Planificación del Transporte por la Universidad Nacional de San Martín. Es docente universitario e investigador académico. Fue coordinador de proyectos informáticos y luego director de Milliwatt S.A., empresa de soluciones informáticas corporativas, con la que estuvo vinculado desde su fundación en 2005. Paralelamente, entre 2009 y 2014, participó ad honorem en la ONG NEPA, especializada en la elaboración de desarrollos de proyectos sustentables. Actualmente se desempeña como consultor independiente y asesor en materia de planificación del transporte. En 2007 fundó el medio periodístico enelSubte.com, que desde entonces dirige, reconocido en el rubro por su cobertura de la actualidad y perspectivas de medios guiados.

De la pandemia a una nueva movilidad urbana

La irrupción de la pandemia de coronavirus a lo largo del presente año obligó a implementar una serie de drásticas modificaciones a la manera en la que las personas se movilizan, fundamentalmente en entornos urbanos donde predominan las altas concentraciones humanas. Desde turnos para viajar en tren, pasando por controles para que no viajen personas paradas en los colectivos y hasta que se haya considerado bloquear la tarjeta SUBE para todo trabajador no esencial, las medidas para reducir la tasa de contagio del virus reconocieron en el transporte a uno de sus principales vectores.

La Organización Mundial de la Salud recomienda guardar silencio al viajar en el transporte público.

Si bien la aparición de una vacuna o de un tratamiento eficaz puedan ayudar a retomar cierta sensación de normalidad, es probable también que algunos hábitos adquiridos en este contexto se incorporen a nuestras costumbres urbanas en el largo plazo. En ese sentido, el Metro de Medellín lanzó una campaña para que los pasajeros guarden silencio durante el viaje y aprovechen su tiempo para leer para evitar, así, la propagación del Covid por las gotículas de la respiración por las que el virus puede dispersarse.

La educación forma, así, parte importante del conjunto de acciones emprendidas y las autoridades sanitarias insisten en remarcar el importante papel que tiene la responsabilidad personal para detener la pandemia. De esta manera las campañas de comunicación, tanto en las instalaciones como a través de los medios, insisten en la necesidad de utilizar barbijos y máscaras, mantener una distancia mínima de 1,5 metros entre personas, lavarse frecuentemente las manos y emplear agentes sanitizantes personales.

Implementación de medidas sanitarias

La fumigación habitual y masiva de instalaciones fijas y material rodante es otro de los recursos con los que se busca hacer frente a la enfermedad. Tanto la citada operadora colombiana como el Metro de Santiago (Chile) utilizan una solución de Timsem, un amonio cuaternario de quinta generación inocuo para seres humanos que permanece adherido a las superficies durante quince días proporcionando una acción desinfectante prolongada en ámbitos de alta circulación. Además de la dispersión de este producto mediante termomochilas, en Colombia se emplea también un método de aplicación por humo para llegar a aquellos rincones a los que no es posible acceder con agua en suspensión.

Otra tecnología empleada tanto a nivel mundial como en el Subte porteño es la desinfección con luz ultravioleta. Equipos dirigidos a control remoto fueron equipados con artefactos que emiten este tipo de radiación y puestos a circular por el interior de trenes de la línea E en una prueba realizada durante los primeros meses de la cuarentena, con resultados satisfactorios.

Un aspecto particularmente sensible en el combate contra el coronavirus son los equipos de ventilación forzaday de aire acondicionado si lo hubiere-. Esta tecnología no sólo permite mejorar los niveles de confort en el viaje sino que resulta indispensable para poder prestar el servicio tal como sucede en algunas redes muy profundas o con escasa ventilación natural como, por ejemplo, el Tube de Londres. Este es, además, uno de los históricos déficits que arrastra el Subte porteño y que ha encontrado una solución parcial en los últimos años gracias a la incorporación masiva de coches nuevos y usados equipados con aire acondicionado; en ese sentido, las líneas A, C, D y H tienen la totalidad de sus flotas con aire, mientras que la linea B lo hace parcialmente en función de las demoras para incorporar los coches CAF 6000 de segunda mano y de las dificultades para comprar trenes nuevos que reemplacen a los Mitsubishi. Sin embargo, esta mejora no se ha visto proporcionalmente acompañada por las necesarias inversiones en ventilación forzada para renovar el aire viciado que estos equipos vuelcan en los túneles y estaciones.

Los filtros HEPA evitan la propagación de bacterias y virus a través del aire y, por tanto, son muy importantes para prevenir infecciones. Fuente: Wikipedia

Al respecto, tanto Trenes Argentinos como distintos operadores ferroviarios a nivel internacional evalúan la colocación de filtros especiales, conocidos como HEPA, en los equipos para evitar la entrada y salida del coronavirus, entre otros microorganismos. Estos ya se utilizaban ampliamente no sólo en quirófanos y laboratorios sino también en aviones, donde el aire que circula es una mezcla entre aire exterior e interior previamente pasado por estos filtros. De acuerdo a la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), dado que la ventilación se realiza de arriba hacia abajo, la probabilidad de dispersión horizontal del virus es muy baja por lo que el transporte aéreo es considerado seguro tanto para los pasajeros y la tripulación.

El futuro de la movilidad y de las ciudades

La evolución y extensión de la pandemia han llevado a no pocos especialistas, además de al público en general, a considerar que provocará cambios a largo plazo no sólo sobre nuestros hábitos de higiene y de contacto físico sino también en la manera en la que nuestras vidas están estructuradas en el mundo moderno. La ciudad, su escenario por excelencia, y la manera de trasladarse por ellas se encuentra de momento bajo una intensa polémica acerca de su futuro.

De acuerdo a una encuesta realizada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la que se evaluó el uso del transporte público y privado durante la cuarentena en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), “las medidas de restricción generan una sensación de seguridad pero el temor al contagio en el transporte público es muy alto”, aseguró Dhan Zunino, investigador del CONICET y uno de los autores del trabajo que entre el 2 y el 9 de mayo interrogó a una muestra de 1252 habitantes, repartidos en un 56 por ciento en la ciudad de Buenos Aires y un 44 por ciento en el conurbano.

Dicho trabajo detectó que si bien la opción preferida para desplazarse por el AMBA seguirá siendo el transporte público masivo, también se midió un creciente interés por utilizar otros medios como caminar o la bicicleta. Así, un 27 por ciento de los que debieron trasladarse dentro de la Ciudad eligió evitar el transporte público y prefirió pasarse al auto particular, la bicicleta o la caminata para llegar a su lugar de trabajo. En cambio, entre los habitantes de Conurbano la preferencia por el auto fue del 75 por ciento. Otra de las conclusiones, esta vez en cuanto a prácticas de higiene, fue que procedimientos como la desinfección de la tarjeta SUBE aún no se encuentran generalizadas. Si bien un 83 por ciento de los encuestados manifestó desinfectar su ropa al llegar a sus hogares, dicho porcentaje se reduce cuando llegan a sus lugares de trabajo.

Estos datos, semejantes a los detectados por autoridades sanitarias y por planificadores urbanos a nivel mundial, sugieren posibles cambios en la manera de trabajar. Para Eduardo Levi-Yeyati, decano de la escuela de gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, “la pospandemia traerá mucho desempleo y poca demanda de trabajo”.  Para el especialista, la situación actual forzó a miles de puestos de trabajo a realizarse remotamente; si bien considera que la emergencia laboral se prolongará en el mediano plazo, “el living no sustituye la oficina para hogares con chicos y de que el paquete home office no incluía estar encerrados las 24 horas, no hay razones para no remotizar puestos de trabajo de manera permanente, o al menos converger en un sistema mixto”.

Sin embargo, un número creciente de empleadores y de empleados están descubriendo que ya no necesitan estar encerrados durante ocho horas en una oficina cumpliendo horarios sino que pueden realizar la misma tarea en menos tiempo desde sus hogares. Si este fenómeno se profundiza y desemboca en un cambio estructural en la manera de organizar el trabajo, es probable que la movilidad se vea afectada y que el transporte -tanto público como privado- deba reorganizarse para hacer frente a nuevos patrones de desplazamiento de las personas. La necesidad de mantener un distanciamiento social pondrá necesariamente que se espere una baja de entre un 30 y 35 por ciento en la cantidad de gente que asistía a las oficinas respecto de la situación anterior a la pandemia.

Encuesta realizada por la red social LinkedIn a sus usuarios de la región Latinoamérica, realizada entre el 1/7 y el 15/7.

Ana Renedo, socia de MR Partners, señaló en una entrevista para el diario La Nación que “habrá un porcentaje importante que preferirá continuar con esta modalidad. Son aquellos, por ejemplo, que hoy invierten mucho tiempo en viajar, en promedio dos horas por día para ir y volver. Esos se dieron cuenta de que tienen el mismo rendimiento y de que pueden aprovechar el tiempo extra para actividad física, un hobby o cualquier cosa que los gratifique más que el viaje a la oficina”. Esta percepción parece verse ratificada por los resultados obtenidos por una encuesta hecha por la red social LinkedIn durante la primera quincena de julio: un 43 por ciento de los encuestados manifestaron que les gustaría realizar teletrabajo hasta dos días por semana, mientras que un 17 por ciento optó por hacer home office de manera permanente.

No obstante, Renedo advirtió que no todas las personas pueden verse inclinadas favorablemente a mantenerse en una situación de teletrabajo. “Dentro del grupo que buscará regresar a la oficina estarán aquellos para quienes socializar es uno de los temas claves en su vida cotidiana y que satisfacen ese aspecto de su vida principalmente en la oficina. Podemos encontrar en este grupo gente joven o adultos que viven solos. También aquellos que no tengan comodidades suficientes en su casa para montar un lugar de trabajo apropiado y cómodo pueden preferir volver al orden que les proporciona una oficina».

Los procesos de industrialización que experimentó la Argentina a lo largo del siglo XX generaron, al igual que en otras latitudes que vivieron experiencias similares, una progresiva movilización de personas desde el campo hacia las ciudades. De acuerdo a datos publicados en 2018 por el Ministerio del Interior de la Nación, el 92 por ciento de la población argentina y dos tercios de las empresas se ubican en los grandes conglomerados urbanos. Sólo en el Área Metropolitana de Buenos Aires se concentra el 39 por ciento de la población total del país.

Distribución de población argentina. Fuente: Plan Estratégico Territorial.

No obstante, la pandemia podría impulsar que este panorama se modifique. La fundación Es Vicis, que se especializa en ayudar a las personas que desean mudarse fuera de las ciudades, informó que durante la cuarentena en Argentina se triplicaron las consultas que reciben habitualmente. Desde dicha organización destacan que las consultas son motivadas no sólo por el coronavirus sino también por la búsqueda de mayor tranquilidad y seguridad. «La gente empezó a cuestionar por qué tiene que meterse en horario pico para ir a la oficina si pueden hacerlo desde la casa», explicó Cintia Jaime, directora de la ONG, al diario La Nación.

De consolidarse una migración sostenida hacia pequeños pueblos o ciudades medianas, será necesario no sólo fomentar la expansión de los servicios de banda ancha sino también habrá que contemplar la recuperación de servicios ferroviarios interurbanos de pasajeros y de carga que fueron suprimidos durante las últimas décadas. Si bien el avance del teletrabajo podría motorizar una mejor distribución de la población, las personas aún tendrán necesidad de desplazarse por el territorio y el ferrocarril será una pieza clave para evitar el colapso de las rutas y autopistas. Los trenes generales y regionales, a diferencia de lo que sucede con los locales, implican la necesidad de que todos los pasajeros cuenten con sus asientos y que viajen sentados; si se suman medidas de salubridad como desinfección, barbijos, máscaras y ventilación con filtros especiales, pueden ofrecer una alternativa sanitariamente segura además de amigable con el ambiente.

¿Cómo se adaptará el transporte público al mundo pos COVID-19?

El nuevo coronavirus (COVID-19) llegó para quedarse. Mientras científicos e investigadores de todo el mundo luchan una batalla contrarreloj para conseguir el desarrollo de una vacuna efectiva contra la enfermedad, numerosos países buscan ganar tiempo estableciendo cuarentenas parciales o totales, restringiendo actividades y extremando las precauciones.

Conforme van pasando las semanas, los países comienzan a tomar medidas para la salida progresiva de las cuarentenas -establecidas por lo general cuando la enfermedad devino en pandemia- y rehabilitan actividades que estuvieron paralizadas durante semanas. La reactivación de estas actividades económicas y el paulatino relajamiento de las restricciones generan una presión sobre el transporte público, responsable por el desplazamiento de millones de personas a diario en todo el planeta.

En este contexto, autoridades de todo el mundo se encuentran frente a un problema mayúsculo. Ante la certeza de que la enfermedad no desaparecerá, ¿cómo conciliar la movilidad sustentable, invariablemente vinculada al transporte de grandes contingentes humanos, con las medidas preventivas de distanciamiento social? Y más aún, ¿cuál será el rol del transporte público en el mundo pos COVID-19?

El secretario general de la Unión Internacional del Transporte Público (UITP), Mohamed Mezghani, explicó días atrás que el sector inicialmente pudo responder satisfactoriamente ante el desafío por la fuerte caída en la demanda: un 85% en promedio.

Pero alertó que, de mantenerse la vigencia de las medidas de distanciamiento social, el transporte público sólo podría movilizar una carga de entre el 25% y el 35% de la capacidad de transporte. Mezghani advirtió, además, sobre la dificultad de controlar el cumplimiento del distanciamiento social en las horas pico y las grandes estaciones de intercambio, tanto en los coches como en las estaciones o en los alrededores de las terminales.

En este sentido, son elocuentes las escenas que pudieron registrarse en el primer día del desconfinamiento en Francia, el pasado 11 de mayo: estaciones clave de la RER de París como Gare du Nord o Châtelet-Les Halles se vieron desbordadas de público y el distanciamiento social se volvió imposible.

El principal problema es que esa saturación difícilmente pueda solucionarse: «no es posible triplicar la oferta en el corto ni en el mediano plazo, aún cuando los fondos necesarios para las inversiones requeridas estén disponibles», advierte el secretario general de la UITP.

Pero al mismo tiempo, si el transporte público no recupera sus niveles de participación en la distribución modal anteriores a la pandemia, y en cambio los ciudadanos optan por el transporte automotor particular, «las ciudades sufrirán consecuencias como un empeoramiento de la congestión vehicular, con las externalidades negativas que esto conlleva: una aceleración de la crisis climática y el empeoramiento de la calidad del aire», lo que también comporta un riesgo para la salud pública.

Conocer la conducta que adoptarán los potenciales usuarios es fundamental para la toma de decisiones de cara a las próximas semanas y meses. En este sentido, la encuesta lanzada por investigadores de universidades nacionales y del CONICET, de la que se hizo eco enelSubte, permite observar algunos primeros datos preliminares de importancia.

Reducción en el uso del transporte público período 15 febrero — 5 mayo, media móvil 5 días. Fuente: Ing. Tirachini Hernández.

Durante la cuarentena, el 67% de los encuestados no utilizó el transporte público; de ellos, el 68% no tuvo que trasladarse. Del 27% que sí debió trasladarse, la mayoría (un 44%) prefirió el automóvil particular, seguidos muy de cerca por quienes prefirieron la movilidad activa (bicicleta o caminata), que representaron un 40%.

Ante la consulta por la forma de traslado elegida para la pos cuarentena, el 31,4% se decanta por la movilidad activa, el 27,1% por el transporte público y el 24,6% por el transporte particular, mientras que solo un 8,5% asegura preferir no viajar.

De los resultados de la encuesta se desprenden, además, dos datos de importancia: un alto grado de apoyo a las medidas de distanciamiento social (85%), y un fuerte temor al contagio en el transporte público (76%). Ambos factores, indudablemente, influirán en las decisiones que tomarán los potenciales usuarios a la hora de elegir sus modos de viaje. Y ambas conducen a evitar el uso de medios masivos de transporte.

Estos resultados preliminares parecen dar la razón al ingeniero civil Alejandro Tirachini, profesor de la Universidad de Chile, quien alertó sobre la «bofetada al transporte sustentable» que significa la pandemia «al menos en lo referente al transporte público, [ya que] la caminata y la bicicleta saldrán mucho mejor parados».

En una columna, el especialista advierte sobre los riesgos de «asociar el transporte público al contagio de coronavirus», algo sobre lo que no existe evidencia concluyente, lo que terminará ahuyentando a los potenciales usuarios.

Pasajeros infectados versus no infectados en colectivo (Fuente: Shen et al., 2020)

Tirachini pone como ejemplo a las redes de metro de Taipéi (Taiwán) y Seúl (Corea del Sur), cuyos niveles de ocupación ya se acercan a los niveles pre pandemia y se ubican «por sobre los estándares de distancia social que se recomiendan». La clave, en estos casos, parece ser el uso obligatorio de barbijos -en el caso de Corea del Sur, la adquisición de las mascarillas N95 está subsidiada por el Estado- y un refuerzo de la limpieza de los vehículos, que son desinfectados dos veces al día, explica el especialista chileno. Claro está, estas políticas resultan inseparables de otros controles de amplio alcance social realizados por el país asiático desde el inicio de la pandemia.

Qué se está haciendo en el país

Por ahora, en la Argentina, el foco de atención de las autoridades de las distintas jurisdicciones ha estado un escalón más abajo y, oficialmente, pocos piensan en lo que pasará en un escenario de «nueva normalidad».

Hasta hace pocos días, el Ministerio de Transporte se limitaba a desaconsejar el uso del transporte público salvo que fuera estrictamente necesario y a implementar medidas de prevención tales como el distanciamiento social, la obligatoriedad del uso de tapabocas y de viajar sentado, el control de temperatura y testeos rápidos, además de adoptar previsiones para proteger a los trabajadores del transporte y reforzar las labores de limpieza, incluso con tecnología innovadora.

Sin salida de la cuarentena a la vista, en el país oficialmente aún no hay anuncios para el transporte en un escenario de «nueva normalidad».

Pero en las últimas semanas esa estrategia viró hacia una más proactiva, conforme se fue incrementando el caudal de pasajeros producto de las nuevas fases de la cuarentena y del relajamiento de hecho de muchas de las previsiones originalmente adoptadas. Así, apareció la normalización de las frecuencias en el Roca y el Sarmiento (la Ciudad hizo lo propio con un incremento de trenes en el Subte) para garantizar el distanciamiento social, se introdujo (en etapa de prueba y sólo en el ramal Tigre de la línea Mitre) una aplicación para reservar lugares en formaciones, lo que permitirá administrar los flujos de pasajeros y evitar posibles situaciones de saturación, y se cerraron 11 estaciones de tren en la Ciudad.

Este giro en la estrategia oficial se relaciona con las cifras que maneja el Ministerio de Transporte por estas horas. De acuerdo con el documento, el pasado jueves 21 de mayo viajó un 24% del total promedio de un dia hábil previo a la cuarentena. Esta cifra representa el doble que el primer jueves hábil de la cuarentena. El patrón se repite los fines de semana: aún cuando viaja un 25% de quienes lo hacían antes del aislamiento, en el último se movilizó un 71% más que el primer fin de semana de cuarentena.

Trenes Argentinos Operaciones coloca de señalética y stencils en cabeceras y estaciones intermedias para concientizar y respetar el distanciamiento social.

La tendencia que indican esas cifras preocupa al Gobierno, que comenzó a evaluar una medida más extrema: el bloqueo de las tarjetas SUBE registradas a nombre de quienes no sean personal esencial o exceptuado de cumplir el aislamiento social preventivo y obligatorio, con el fin de desalentar un relajamiento de facto de la cuarentena. La medida, que aún no está vigente, despertó críticas en redes y resulta de difícil aplicación. Al mismo tiempo, no es sino una solución provisoria que carecería de sentido cuando termine la cuarentena y se retome el ritmo de trabajo habitual en la mayoría de las actividades. Y cómo responderá a ese desafío el transporte público en la Argentina es algo que todavía está por verse.

Cómo volver al transporte público después de la cuarentena

El Gobierno nacional evalúa implementar, a partir del 12 de mayo, un cronograma para relajar paulatinamente la cuarentena. Si bien aún no se han hecho públicas las maneras en las que esto sucedería, el transporte público es uno de los aspectos en los que más cuidado hay que poner a la hora de diseñar una estrategia de salida paulatina de la cuarentena que no exponga a la población a un pico de contagios.

Antes de la cuarentena, se movilizaban 4.242.000 pasajeros al día en el sistema de transporte público metropolitano. Esa cifra bajó a 450.000 cuando comenzó el aislamiento obligatorio, pero las sucesivas flexibilizaciones llevaron el total transportado a 908.000 pasajeros al día el pasado lunes 4 de mayo. Según estimaciones oficiales, se necesita que el número de pasajeros no supere los dos millones diarios para poder garantizar un funcionamiento seguro del sistema y evitar que la tasa de contagios se dispare.

Medidas de prevención tomadas por el Metro de Medellín.

Desde Trenes Argentinos explicaron a enelSubte.com que continuarán con las tareas de desinfección de formaciones cada vez que estas lleguen a las cabeceras tal como se hace desde que comenzó la cuarentena el pasado 20 de marzo. Además, se reforzarán las tareas de limpieza en molinetes y zonas de tránsito en las estaciones.

En cuanto a las frecuencias, desde la operadora estatal manifestaron que se trabaja junto a los sindicatos para mantener la circulación de trenes con cronograma de día hábil y evitar disrupciones en el servicio para que no se saturen las formaciones. No obstante, reconocieron que la cantidad total de formaciones disponibles para poder incrementar aún más la frecuencia es limitada, por lo que se espera trabajar en algún mecanismo que permita administrar la demanda para garantizar el cumplimento de los protocolos sanitarios.

Otro punto importante que manifestaron los voceros de Trenes Argentinos a este medio es la ventilación. En ese sentido, explicaron que los empleados mantendrán abiertas las ventanillas de los trenes aún en aquellas formaciones que posean sistemas de climatización. A estos últimos, además, se estudia colocarles filtros especiales para disminuir las oportunidades de dispersión del virus aunque, hasta el momento, no se ha terminado de definir cómo hacerlo.

[Así funcionan los trenes durante la cuarentena]

No obstante, desde la empresa temen que estas medidas puedan no ser suficientes. En ese sentido se solicitará a los pasajeros que, en la medida de lo posible, utilicen medios alternativos de transporte. “Hoy circulan en el AMBA alrededor de 9000 colectivos, pero la oferta puede ampliarse hasta las 15000 o 16000 unidades”, manifestaron. Además, se trabaja para reforzar las líneas de trenes con micros de larga distancia en caso de que la cantidad de pasajeros exceda lo prudente.

¿Qué alternativas hay al transporte público?

Este interrogante es actualmente motivo de debate en países europeos como Francia y Gran Bretaña. En el caso británico, Transport for London -operadora del Underground londinense- considera que hacer respetar medidas mínimas de distanciamiento social entre pasajeros implicaría reducir la capacidad de transporte del Tube a apenas un 15 por ciento de su potencial. En Francia, tanto la RATP -operadora del metro de París- como la SNCF -operadora de la red ferroviaria francesa- enviaron una carta al primer ministro Édouard Philippe, reproducida por el matutino Le Monde, para comunicarle que no poseen los medios ni materiales ni humanos para hacer cumplir el distanciamiento obligatorio que se aplicará en el país galo a partir del 11 de mayo. Ambas empresas manifestaron además que es imprescindible tomar medidas para “limitar drásticamente el flujo” en las estaciones y sugirieron “la movilización de las fuerzas del orden” para garantizar no sólo las medidas de sanidad básicas sino también evitar posibles conflictos con los pasajeros a la hora de regular los flujos de acceso a los servicios.

Miembros de los servicios de limpieza de desinfectando un vagón del Metro de Madrid.

En ese sentido, la imposición de medidas restrictivas sobre la oferta y la demanda del transporte público puede generar problemas adicionales. En cuanto a la demanda, hasta el momento se han mencionado públicamente varias posibilidades que van desde acordar con las empresas la implementación de horarios de entrada y de salida diferenciados hasta distribuir a los empleados por días alternados de trabajo para evitar la creación de horas pico. Por supuesto que una estrategia de esta naturaleza debería quedar limitada estrictamente a todo personal cuya presencia física sea indispensable o irreemplazable por modalidades de trabajo a distancia, las que seguramente continuarán siendo parte del paisaje por los meses venideros al menos.
Una medida bajo análisis entre el Gobierno nacional, de la Provincia y de la Ciudad es fomentar el uso de modalidades de transporte privado individual como motos y bicicletas. Así, se espera ampliar la red de bicisendas -al menos de manera provisoria- para facilitar el desplazamiento por estas modalidades.

[Inédita declaración conjunta de organismos mundiales del transporte ante el coronavirus]

Otro mecanismo en discusión es la implementación de servicios de combis, sobre todo entre las grandes empresas que requieren el desplazamiento de grandes cantidades de personas, para no saturar el transporte público ni exponer a su personal a un mayor riesgo de contagio. Al respecto, se dispuso un protocolo sanitario para combis con medidas tales como el aislamiento del conductor tras una cortina plástica transparente, dejar libre la primera fila de butacas, distribuir alcohol en gel tanto al subir como al bajar y evitar que los pasajeros se paren hasta que la unidad se haya detenido completamente.

En las estaciones Buenavista y Cuautitlán del tren Suburbano de México, las unidades serán desinfectadas antes de ser abordadas nuevamente por los usuarios

Una política que ha sido sugerida para contener la demanda es elevar las tarifas para, así, disuadir a los pasajeros del uso del transporte público. Sin embargo, una solución de esta naturaleza no contempla que en un contexto de depresión económica difícilmente se pueda forzar a la población a emplear otros medios de transporte -que podrían ser aún más caros- y menos aún cuanto más lejos vivan los pasajeros de sus lugares de trabajo. Además, todavía no está claro cómo se implementarán los protocolos de testeos masivos que parte de los especialistas recomienda y que se han instrumentado de manera exitosa en otros países para contener la epidemia.

El caso del Subte

En un contexto de pandemia, sería por tanto preferible que el transporte público tuviese la capacidad para hacer frente a una mayor demanda. Cierto es que no todas las personas tienen la capacidad económica de desplazarse a sus trabajos usando transporte privado, pero también lo es que la capacidad de los servicios públicos difícilmente pueda verse incrementada en el cortísimo plazo. En el caso de trenes y subtes, esto requeriría la incorporación de mayor cantidad de material rodante: el Subte porteño, sin ir más lejos, no lo tiene y tampoco tiene posibilidad financiera de adquirirlo prontamente; a eso hay que sumarle que, aún si se pudiese comprar más trenes, estos demorarían cómo mínimo un año hasta ser fabricados y puestos en marcha siempre y cuando la infraestructura lo tolere. Los casos recientes de las líneas B y E muestran que esto no es siempre.

[Así funciona el Subte durante la cuarentena]

La operadora Metrovías informó que actualmente circula el 45 por ciento de las formaciones que habitualmente lo hace en circunstancias normales. Si bien afirman que es imposible restablecer el servicio en su totalidad dado que hay trabajadores que forman parte de los grupos de riesgo, desde la empresa aspiran a incrementar la oferta del servicio de Subtes hasta el 60 por ciento de la capacidad previa a la cuarentena y apuestan a que se implementen segmentaciones en horarios de entrada y salida de los trabajos para distribuir la demanda de manera más uniforme a lo largo de la jornada.

Labores de limpieza del personal de Metrovías en el Subte de Buenos Aires

En cuanto a las estaciones del Subte, una de las deudas históricas más notorias en cuanto a infraestructura es la falta de ventilación forzada, cuya en una situación como esta se vuelve crítica. En algunas estaciones hasta se carece de adecuada ventilación natural: el caso más peligroso es el de Carlos Pellegrini de la línea B -y el nodo Obelisco en general-, cuya única entrada de aire da a los túneles de la línea D que pasan por encima de sus bóvedas. En estaciones nuevas como las de las prolongaciones de las líneas A, B, E y en la línea H, los equipos de ventilación forzada rara vez están encendidos.

La situación de emergencia nos obliga a hacernos preguntas incómodas: ¿cómo encontrar un equilibro entre aglomeración y distanciamiento que no ponga en peligro los resultados ni eche por la borda los costos que tuvo implementar la cuarentena? ¿Cómo planificar sistemas de transporte capaces de responder a situaciones de aglomeración de personas que probablemente ya no sean tolerables como lo fueron hasta ahora? De la imaginación que tengamos para encontrar soluciones dependerá parte de nuestro éxito contra al coronavirus.

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